domingo, 8 de noviembre de 2015

Él, yo, y un barquito


Lo conocí en el muelle, mientras jugaba con el último regalo de papá. No le importaron mis ojos tristes ni mi pelo largo, llovido en la cara. Desde entonces, todas las tardes, allí lo espero.
Allí lo espero, todas las tardes desde entonces. No le importan mi pelo musgoso ni mis ojos huecos. Somos él, yo, y un barquito. Ya no me siento solo. 


 ©Mariángeles Abelli Bonardi
8 de noviembre de 2015

 Imagen tomada de Facebook
 

6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¡Muchas gracias, LUZ! (¡Y qué bueno leerte por aquí!)

      Te mando un beso grande,
      MAB

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  2. Una amistad que no se hace preguntas, simplemente ocurre, es un milagro y lo aceptan. Me gusta el detalle del pelo, uno llovido y otro musgoso.
    Un abrazo, Mariángeles

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    1. Definitivamente, una amistad que es como todas deberían ser. (Y en cuanto al pelo, a mí también me gusta el detalle ;) )

      Otro abrazo para vos.

      Cariños,
      MAB

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  3. Hermoso, una forma de compartir amistad y sentimientos.
    Saludos amiga

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    1. ¡Gracias, MARINA! También es una forma de achicar soledades. Cuando amistad y sentimientos se comparten, lo monstruoso no tiene lugar.

      Me ha encantado volver a leerte por aquí.

      Te mando un beso grande,
      Mariángeles

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