viernes, 3 de julio de 2015

CENIT

 
   
El flamenco enciende el mediodía y el aire se diluye. Llegan los otros. Rosada, a veces carmín, la marea se extiende sobre el río. 

©Mariángeles Abelli Bonardi
Ecos del decir, pág.79
 

4 comentarios:

  1. Con muy pocas palabras, consigues hacernos sentir que estamos ante un hermoso espectáculo de la naturaleza. Nos haces recordar que más allá de las horas humanas hay otro tiempo, quizá más puro y auténtico; otras medidas entre los cuerpos.
    Felicidades, Mariángeles.

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    1. ¡Pero qué comentario más hermoso, VICENTE! Si es eso lo que te despierta el texto, decir que estoy contenta es poco. Nada hay más grato que llegar al corazón de quien me lee.

      Te mando un beso,
      Mariángeles

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  2. Me estoy dando cuenta de cuánto sabes de flamencos. Si es que eres una mujer sabia.
    Un abrazo, Mariángeles

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    1. Para nada, ÁNGEL querido; no es que sepa tanto. Es que los flamencos me parecen hermosos, igual que las tortugas, las garzas, los perezosos, los perros, las mariposas y un montón de animales más que me encantan y que siempre son la excusa para escribir ¿O será que me viene de familia? Mi mamá y mi hermana son biólogas; se ve que algo de ellas se me pegó, jaja

      Otro abrazo para vos.

      Cariños,
      Mariángeles

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