Nunca disfruté del encendido del árbol ni decoré, con verdes y con rojos, una casa de jengibre.
Cuando llegaba la época más colorida del año, yo no permitía, en mi salón de clases, ningún tipo de adorno navideño.
Después de probar de todo sin resultado alguno, terminé por asumirlo: mi vida se reducía a sólo dos colores. Y entonces, cuando ella me ofreció esos lentes, supe lo que era realmente ver...
Bajo el muérdago, mirándola a los ojos, me incliné par besarla: Iris, la bella optometrista, curó mi daltonismo y mi soledad.
©Mariángeles Abelli Bonardi
Noviembre 2025
Con este microrrelato, inspirado en el concepto de BLANCO Y NEGRO, participé en el concurso de relatos cortos, "Esta Noche Te Cuento"
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