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miércoles, 29 de enero de 2020

RUTAS CULTURALES


   Hacendosos como hormigas, los hombres suben la rampa; ¿qué hay en los costales que, con tanto ahínco, llevan a cubierta? Él lo ignora, pero boceta ese ir y venir de los changarines del puerto. 
¿Qué hay en el humo que las fábricas destilan? Esfuma las volutas que las chimeneas escupen y lo va descubriendo. 
¿Qué rumbo tomará el carguero que está a punto de partir? Acomoda el caballete y, con un trozo de carbón, bisela el barco hacia esa ruta que solamente intuye. 
El agua refleja el paso de las horas; Benito saca la espátula y hace ondear en la hoja los colores del río. El barco se va; los changarines vuelven a casa. Algunos silban; otros lo miran de reojo. Del carbón queda sólo un pedacito que a él le alcanza, y con trazo aniñado pero firme, escribe Quinquela en la esquina derecha del cuadro. 

©Mariángeles Abelli Bonardi
De la plaqueta Rutas culturales (2016)



jueves, 28 de marzo de 2019

Ojos de niño, ojos de tiempo


Ese día no lo encontró, sólo los anteojos sobre la mesa indicaban que había estado. Ángel miró hacia la puerta, no fuera cosa que hubiera alguien a punto de entrar. Los tomó en sus manos: la textura del marco era más suave de lo que había imaginado. Caminó hasta la ventana y acercó sus ojitos a los vidrios; era su oportunidad de ver como él veía, de experimentar esa potencia telescópica y a la vez microscópica que, con sólo enfocar, abarcaba lo que cabe en un segundo.
Al mirar hacia abajo, hacia el planeta por el que Padre sentía especial predilección, los cristales se llenaron de margaritas, de la inmensidad del verde, de la líquida elocuencia del agua... se movió ligeramente y, de un instante a otro, su avidez por mirar dio paso al impulso de taparse la cara para no seguir mirando. Trizas en el piso, en el vasto verde, trizas en la voz del agua. Una gota de temor se estrelló contra los vidrios rotos...
Al volverse, descubrió a Padre contemplándolo con sus ojos de tiempo. No dijo ni una palabra. Se inclinó sobre Ángel, le enjugó las lágrimas con el dedo y tocó el marco con la yema humeecida. Alivio en las alas, asombro en el rostro. La mirada, otra vez sonriente. Tomó su mano, se fue con él. En la mesa, los anteojos, como nuevos. 


©Mariángeles Abelli Bonardi

De la plaqueta RUTAS CULTURALES 
publicada por la cebolla de vidrio ediciones (2016)

Foto tomada de la web

jueves, 6 de septiembre de 2018

En la 6ta. Feria Internacional del Libro de Neuquén







Mis hijitos de papel


En "pose de escritora"...


Con las escritoras Alejandra Lenzano y Graciela Ríos Lobos


Con Tía Teddy, también escritora neuquina


Con mi hermana Marisol y mi sobrina Helena


De Ecos del decir:




Equilibrista

Una fina cuerda
de incertidumbre.

Vacilantes, 
suspendidos en lo posible,
los pies avanzan.


De Armadura de valor:




Receso

A la hora de la siesta, el albañil guarda el nivel y se encamina a la plaza. Sentado en el banco cercano al monumento, saborea un caramelo. Media hora se condensa en el envoltorio. Esa media hora impregnada en el anís lo transporta a otro tiempo. Ahora sus manos no son callosas: apilan ladrillos de juguete. 


De Rutas culturales



Oro

Los hombres clavan la vista en los tamices y trabajan a destajo, como una hilera de hormigas fervientes. No les importa el calor, ni el cansancio, ni la sed, sólo el hallazgo que pueda alumbrar el río.


De La breve reverencia:




Tras el cristal,
me observa sumergido
 el axolotl.