Después de muchos años en el lecho del mar, la estatua se volvió agua, y como el agua, se fue evaporando el recuerdo del príncipe.
Después de muchos años en la espuma, el alma de la pequeña sirena se posó en la roca. La misma roca que, siglos más tarde, habría de transmutarla en estatua.
Mariángeles Abelli Bonardi
Armadura de valor, pág. 62
Foto tomada de Facebook
