En la selva hubieras pasado totalmente desapercibido, tu color camuflado entre lianas y hojas de palmera. Ni bien te vi, supe lo mucho que le ibas a gustar, lo fuerte que te abrazaría y lo bien que quedarías en su cuarto; por eso ya no estás, sonriente y laxo, en la vitrina de ese kiosco porteño.
Lo admito: en el cuarto de mi sobrina hubieras quedado mejor. De ahí que mire a la cangura roja, y no sin culpa, le haga sitio junto a vos en mi valija.
Lo admito: en el cuarto de mi sobrina hubieras quedado mejor. De ahí que mire a la cangura roja, y no sin culpa, le haga sitio junto a vos en mi valija.
©Mariángeles Abelli Bonardi
Buenos Aires, 9 de mayo de 2015



