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| Juguetes (Foto: Mariángeles Abelli Bonardi) |
Cuerpos de trapo, madera o porcelana; abríamos los ojos apenas chirriaba el ropero.
Entonces, éramos felices.
De su mano, la siesta discurría tibia. Zurcidos, manchados, seguros del regazo y del latido, no supimos ver que se alejaba.
De su mano, la siesta discurría tibia. Zurcidos, manchados, seguros del regazo y del latido, no supimos ver que se alejaba.
El encierro fue musgo en nuestras bocas.
Entonces, nos quedamos quietos.
©Mariángeles Abelli Bonardi
