¿Será miopía, astigmatismo, o peor, la temida falta de visión? El óptico lo estudia y examina, calibra sus palabras pero no hay nitidez en su respuesta. Una supernova de rabia le inyecta la lente en sangre… ¿Acaso nunca podrá ver claro? Desde pequeño ha querido subir alto, ponerse en órbita, contar cada estrella y cuerpo celeste…
Se encomienda a Galileo Galilei. Venera la estampa de Huxley en su Mundo Feliz. Desgrana, rosario tras rosario, todas las patentes que conoce… Su fe se pierde en un agujero negro.
Lentamente, abraza la oscuridad. Con Orwell descubre el voyerismo y la hipervigilancia. Sigue solo, pero ya no sufre…
«Hacen bien en temerme» , se regodea pensando. «Soy El Ojo Que Todo Lo Ve.»






